La costa rocosa semiexpuesta

Perteneciendo al ámbito Atlántico Norte, las aguas de las costas gallegas son frías. El trazado quebrado de su costa, aumentado por la presencia de las rías con su penetración tierra adentro, provocan la existencia de hábitats altamente diversificados: encontramos costa expuesta directamente al mar abierto, costa cerrada en la parte externa de las rías, costa muy protegida en el interior de las rías, etc. Es por eso que la flora y la fauna es aquí numerosa y muy variada.

Las distintas especies de animales y vegetales marinos están habituados a vivir en su medio natural bajo unas determinadas condiciones que son consecuencia directa del efecto de diversos factores: luz, salinidad, temperatura, pH, sustrato, oscilaciones de las mareas, exposición al oleaje, disponibilidad de alimento, etc. La actuación conjunta de todos estos factores condiciona de forma definitiva la distribución de los seres vivos marinos a lo largo de la franja litoral. Así por ejemplo, en una costa rocosa muy batida, la vida quedará limitada a los animales y plantas capaces de soportar el efecto de las olas y del viento, pero en una costa abrigada podrán vivir perfectamente una mayor variedad de especies ya que la violencia de olas y viento será, generalmente, mucho menor.

Pero, sin olvidar otro tipo de factores, no cabe duda de que las oscilaciones de las mareas son el elemento que más influye en esta distribución, ya que los ciclos de subida y bajada del mar inciden directamente sobre todos los demás. Esto se hace particularmente interesante en Galicia, donde el nivel del mar puede llegar a variar hasta 5-6 metros durante las mareas, dejando al descubierto grandes extensiones de litoral en los intervalos entre la pleamar y la bajamar.

Así, la mayor parte de la superficie litoral quedará cubierta o descubierta por el mar cada 12 horas, pero su parte más alta sólo quedará completamente cubierta unos pocos días cada mes, o sea, durante las mareas vivas. En el extremo opuesto, la parte más baja de la zona litoral sólo quedará descubierta durante esos mismos días. Cuando la marea está alta, la temperatura en la superficie cubierta por el agua se mantiene más o menos constante, y en las charcas intermareales, ahora en contacto con el mar, no hay deshidratación y el contenido de Oxígeno se mantiene constante. Cuando baja la marea, la superficie litoral va quedando descubierta y queda expuesta a las flutuaciones de temperatura del aire y a la radiación solar, que puede calentar rápidamente rocas y arena. En los días cálidos, en las charcas litorales aisladas en la bajada de la marea, se pierde agua por evaporación con el consiguiente aumento de la salinidad; en el caso de que llueva, la salinidad disminuye. Las variaciones de temperatura afectan además al contenido de Oxígeno en el agua retenida en las pozas.

Si pueden soportar la exposición al aire, con todas las consecuencias que esto implica, los seres vivos se instalarán la franja más elevada del litoral, donde la marea apenas ejerce su dominio, mientras los que puedan soportarla sólo por una o dos horas, vivirán en la zona más baja, donde la marea los dejará al descubierto durante un tiempo mínimo. Entre uno y otro extremos, la vida se distribuye en franjas o zonas, fácilmente apreciables a simple vista, en las que se encontrarán las especies en función de su capacidad para tolerar durante más o menos tiempo,entre otros factores, la exposición al aire. En cada zona, en la dura competencia por el espacio y el alimento, acaban imponiéndose los seres vivos que mejor soportan sus característicos factores ambientales. Este fenómeno se conoce con el nombre de zonación.

(fotografía: dani val & javier hernández)