El debate del "Ancestro común"

En 1859 Charles Darwin afirmó: "es probable que todos los seres vivos que hay en la Tierra desciendan de un mismo ancestro". Poco más nos aclaró posteriormente sobre este asunto, pero esta idea ha mantenido en vilo durante años a gran cantidad de científicos.

De hecho, en todas las polémicas que han surgido a lo largo de los últimos años a causa de los diferentes planteamientos de los investigadores sobre el tema de la clasificación de los seres vivos (ver: la clasificación de los seres vivos), subyace sin duda el espinoso tema de ese "ancestro común" mencionado por Darwin.

Los avances tecnológicos del siglo XX, sobre todo en el campo de la biología molecular, han proyectado nueva luz, han abierto nuevas perspectivas y, si cabe, han radicalizado más las posiciones de unos y otros.

En 1977 Carl R. Woese y algunos de sus colaboradores de la Universidad de Illinois (USA) publican un trabajo en el que se informa de los resultados de sus investigaciones con 16S rARN de ciertos microorganismos metanógenos. Estos procariotas, anaerobios estrictos que no poseen citocromos, producen metágeno como producto final en sus procesos de de formación de compuestos orgánicos a partir de CO2 (quimiosíntesis). Utilizando una encima que fragmentaba las moléculas de 16S rARN de estos metanógenos y comprarando los fragmentos resultantes con tres grupos de bacterias evolutivamente bastante lejanas entre sí (Bacillus, enterobacterias y cianobacterias), descubrieron que las diferencias entre estos tres grupos de bacterias eran mínimas si se comparaba con las que aparecían con respecto a los metanógenos estudiados. Llegaron a la conclusión de que, evolutivamente hablando, había una divergencia biológica muy antigua que inducía a separar a los procariotas en dos grupos absolutamente alejados entre sí.

Poco tiempo después, Woese y George E. Fox publicaron un nuevo trabajo que confirmaba los resultados del anterior y añadía, además, una nueva perspectiva al problema. En esta ocasión, habían estudiado el rARN de distintos eucariotas (llamado por su mayor tamaño 18s rARN) y lo habían comparado con el 16S rARN de loas metanógenos y con el de las bacterias Escherichia coli y Bacillus firmus. Esta vez, la comparación de los ARN ribosómicos de los organismos citados hacía pensar que los seres vivos se agrupaban en tres grandes grupos o reinos primarios (Dominios en su terminología) que parecían proceder de un ancestro común.

Durante mucho tiempo, la inmensa mayoría de los microbiólogos no prestaron ningún tipo de atención a los trabajos de Woese y sus colaboradores.

Posteriores trabajos de este grupo de investigadores se enfocaron al estudio de procariotas extremófilos como los halófilos (que son aerobios que viven en medios de alta concentración salina) o como Sulfolobus y Termoplasma (que viven en medios muy ácidos y a elevadas temperaturas). La comparación del rARN de estos microorganismos mostró que pertenecían al mismo grupo que los metanógenos que habían estudiado anteriormente. Dieron a este nuevo linaje el nombre de Archaebacterias para distinguirlas de los procariotas conocidos hasta aquel momento que eran llamados Eubacterias.

Confirmadas y admitidas, de mejor o peor gana, sus hipótesis de los tres grandes linajes de seres vivos, y viendo las grandes diferencias en las características de los rARN de cada uno de los linajes, sugirieron que probablemente el ancestro común del que procedían todos ellos era un organismo bastante más simple que los actuales procariotas en el que la diferenciación evolutiva entre fenotipo y genotipo aun no se habría completado y dieron a este hipotético microorganismo el nombre de progenote.

Pero el árbol evolutivo obtenido de sus estudios con 16/18S rARN presentaba un gran problema: no tenía raíz, o sea, no permitía suponer cual de los tres grandes linajes es más antiguo. Esto, unido a su idea de la no diferenciación fenotipo/genotipo del progenote, hacía difícil asumir sus hipótesis.

El debate sobre el "ancestro común" se caldeaba un poco más.

Continuarla raíz del "árbol"